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El asesino de la maleta y del subinspector Blas Gámez

por | 01 / Ago / 2019

El hallazgo de un torso humano dentro de una maleta estaba a punto de ser resuelto en tiempo récord por el Grupo de Homicidios de Valencia. Pero el asesino se enfrentó a los policías y acabó con la vida del subinspector Blas Gámez


 

Madrugada del 12 de septiembre de 2017 en Valencia. La Sala del 091 recibe una llamada que alerta de la presencia de una maleta sospechosa entre dos contenedores ubicados en la Avenida Peris y Valero. Una dotación uniformada se dirige al lugar y al llegar salta la sorpresa: en el interior de la maleta hay restos humanos. Concretamente un torso sin extremidades ni cabeza y con lo que parecen heridas de arma blanca.

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Al lugar se desplazan también funcionarios de las brigadas de Policía Científica y de Policía Judicial para hacerse cargo de la inspección ocular y de las investigaciones. En ese grupo de profesionales está el subinspector Blas Gámez. Un policía con una dilatada y envidiable trayectoria, pues tiempo atrás perteneció al G.E.O. y actualmente prestaba servicio adscrito al Grupo de Homicidios.

La maleta en la que apareció el torso de la víctima (Avda. Peris y Valero)

Los investigadores comienzan su labor mientras las horas van pasando hasta que amanece y la luz del sol muestra un reguero de pequeñas gotas de sangre. Un rastro que quizá podría pasar inadvertido para el ojo profano, pero no para el de los curtidos policías, que con este y otros indicios centran sus pesquisas en el portal nº 77 de la calle Sueca.

En ese portal vive desde hace unos meses el hombre que más tarde sería conocido como “el asesino de la maleta”: Pierre Danilo Larancuent, un ciudadano sueco que, tras cumplir 14 años de cárcel en su país por tráfico de drogas, se había instalado pocos meses antes en Valencia. Larancuent era un tipo peculiar, y no sólo por su pasado penitenciario. Durante su estancia en prisión escribió varias novelas negras junto a otro recluso que cumplía condena por un triple asesinato. Los que fueron sus vecinos en el barrio valenciano de Ruzafa describieron a Pierre Danilo como un tipo excéntrico, de trato poco amigable y mirada recia e intimidatoria, aficionado a la musculación y a las artes marciales.

El «asesino de la maleta», Pierre Danilo Larancuent

Como se supo después, el domingo 10 de septiembre Pierre Danilo concertó una cita a través de una aplicación de contactos con otro hombre, le invitó a su casa y allí lo mató a puñaladas y lo descuartizó, abandonando el torso en el interior de la citada maleta y sin que hasta la fecha se hayan encontrado más partes del cadáver. Fue un tatuaje lo que permitió identificar a la víctima: un varón de 42 años natural del municipio de Xeraco y propietario de una peluquería en Valencia. Sus familiares habían denunciado su desaparición al no tener noticias suyas.

Pierre Danilo, sabedor de lo que había hecho y con 14 años de cárcel curtiendo su instinto, supo que había llegado el momento de poner tierra de por medio. Metió algunas pertenencias en una mochila y se armó con un cuchillo de grandes dimensiones dispuesto a huir. Lo que no sospechaba era que su portal estaba siendo ya vigilado y que los agentes no dejarían entrar o salir de él a nadie sin antes identificarlo plenamente.

Apenas 10 horas después del hallazgo de la maleta, a plena luz del día, Pierre Danilo pretendía salir de su portal para no volver. Pero Blas y su compañero le interceptaron identificándose como policías y solicitándole su documentación personal. Larancuent reaccionó atacando. Sacó el cuchillo y, sin darle opción, apuñaló sorpresivamente a Blas en varias ocasiones. Su compañero desenfundó el arma reglamentaria y abatió a tiros al agresor, pero nada pudo hacer ya por salvar la vida de Blas, herido mortalmente por el asesino al que perseguía.

Lugar de los hechos, en el nº 77 de la calle Sueca (Valencia)

En memoria de Blas Gámez Ortiz

¿Cuál fue tu pecado? Ese por el que tan alto precio has pagado. Quizá estar hecho de otra pasta, de esa que permite enfrentarte a lo más oscuro de la naturaleza humana y no volverte loco. Quizá tu error fue mirar allí donde los demás apartan la vista e indagar en lo que casi todos, por temor, preferían ignorar. O tal vez tu pecado fuese proteger a tus iguales de la barbarie y de lo irracional. Quizá pecaste, amigo Blas, el día en que decidiste ser policía (y de los mejores).

Qué irónico es el destino, capaz de convertir tus virtudes en tu trampa. Y qué despiadado y cruel, pues así paga a quien persigue a los que se creen impunes y con derecho a segar las vidas de otros. Ese destino, maldito destino, que por seguir el rastro de la sangre de un inocente te obligó a derramar la tuya propia.

Blas Gámez, subinspector del C.N.P. fallecido en acto de servicio

Hoy lloramos por ti. Pero tanto dolor, tan profunda tristeza, no puede evitar que esbocemos una leve sonrisa entre las lágrimas al hacer presente el recuerdo de tu ejemplo, entregando tu vida por defender la de los demás. ¡Los tuyos pueden estar orgullosos! Y ese recuerdo, ese ejemplo, nos llevará mañana, después del duelo, a recordarte para siempre con una sonrisa.

Así pues, querido Blas, te hago llegar estas líneas allá donde estés, para desahogo de mi impotencia, pero sobre todo para presentarte mi más profundo respeto y mi absoluta admiración. Descansa en paz, compañero.

Javi Guerrero (Salamanca). Crecí en el barrio de Pizarrales, lugar de nacimiento de un famoso delincuente: «el Lute». Pero yo elegí el otro bando. Por eso hoy escribo, sin pretensiones de fama ni fortuna, pero con conocimiento de causa, sobre el bien y el mal, sobre policías y ladrones, sobre criminología y criminales… ¡Te agradezco mucho tu visita y tu lectura!

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